Por qué enfermamos: lo que nadie nos enseñó sobre la salud

Llevamos décadas hablando de enfermedad, pero muy poco de por qué aparece. Las revisiones médicas nos dicen si algo ya ha fallado. La fisioterapia preventiva trabaja antes de que eso ocurra. Después de 25 años de práctica clínica e investigación, y de haber dirigido el servicio de rehabilitación cardiovascular del Hispanic Heart Center del Hospital Mount Sinai de Nueva York, he llegado a una conclusión que parece sencilla pero tiene consecuencias profundas: la mayoría de las enfermedades, incluidas las cardiovasculares, tienen su origen en una falta de conocimiento sobre cómo funciona nuestro propio cuerpo.

El problema no es la enfermedad, es el desconocimiento

Cuando nacemos, lo hacemos sanos. El cuerpo humano tiene una capacidad de autorregulación y recuperación extraordinaria. Sin embargo, nadie nos enseña a usarlo. Aprendemos a conducir un coche antes de aprender a gestionar el estrés, a respirar bien o a reconocer cuándo nuestro cuerpo nos está pidiendo parar.

El resultado es que llegamos a la mediana edad con un cuerpo que ha acumulado años de tensión muscular, malos hábitos posturales, estrés no gestionado y una desconexión progresiva entre lo que sentimos y lo que hacemos al respecto.

«Si no sabes quién eres, qué eres, por qué estás aquí y qué has de hacer para que tu cuerpo funcione bien, la vida solo puede llevarte a errores. El más importante: la enfermedad y la muerte prematura.» – Gloria Vañó

El cuerpo habla. El problema es que no lo escuchamos

El neurocientífico Antonio Damasio sostiene que el desarrollo del cuerpo es el primer paso en la evolución de la conciencia. Aplicado a la salud, esto significa que cuanta más conciencia tengamos de lo que le ocurre a nuestro cuerpo, mejor podremos anticiparnos a la enfermedad.

La conciencia física no es algo con lo que se nace, se entrena. Las herramientas para desarrollarla incluyen:

  • El deporte y el movimiento consciente
  • Las terapias físicas como la fisioterapia y la osteopatía
  • La relajación y técnicas de gestión del estrés
  • El yoga y otras disciplinas que integran cuerpo y mente

Una situación tan simple como llegar a casa tras un día de trabajo intenso y notar que no tienes energía para la cena que tenías prevista es un mensaje del cuerpo. Escucharlo y quedarse en casa no es debilidad, es inteligencia física. Ignorarlo de forma sistemática es el camino hacia el agotamiento y, con el tiempo, hacia la enfermedad.

Cuerpo, mente y estrés: el triángulo de la enfermedad cardiovascular

La evidencia científica acumulada en las últimas décadas confirma algo que la medicina intuitiva ya sabía: nuestra mente condiciona nuestra biología. La epigenética (el estudio de cómo el entorno y los hábitos modifican la expresión de nuestros genes) ha demostrado que los pensamientos y emociones crónicas negativas generan cambios fisiológicos medibles.

En el contexto cardiovascular, el estrés crónico es uno de los factores de riesgo más subestimados. No aparece en las analíticas de rutina, pero se acumula en la musculatura en forma de tensión, en el sistema nervioso en forma de activación permanente, y en el corazón en forma de sobrecarga.

La fisioterapia cardiovascular actúa precisamente en esta cadena: al liberar la tensión muscular acumulada, mejorar la eficiencia del aparato locomotor y trabajar la respiración, se reduce la carga de trabajo del corazón. No como alternativa al tratamiento médico, sino como complemento imprescindible.

La prevención que sí funciona: tratar el cuerpo antes de que falle

El médico Hipócrates decía a sus pacientes: «Dime qué has hecho para enfermarte, que yo te diré qué tienes que hacer para curarte.» Dos mil años después, esta lógica sigue siendo la más efectiva en prevención de salud.

Desde la clínica, lo que observamos de forma sistemática en pacientes que llegan con problemas cardiovasculares es:

  • Musculatura con alto grado de fibrosis y rigidez — lo que comprime los vasos sanguíneos y aumenta la resistencia circulatoria.
  • Debilidad muscular que priva a los vasos del soporte necesario para una circulación eficiente.
  • Patrones respiratorios incorrectos que limitan la oxigenación y sobrecargan el músculo cardíaco.
  • Órganos digestivos congestionados que comprometen el drenaje linfático general del organismo.

Todos estos factores son prevenibles y tratables mediante fisioterapia. El cuerpo tiene una capacidad de recuperación extraordinaria cuando se interviene a tiempo y con criterio clínico.

En resumen

No enfermamos por mala suerte. Enfermamos, en la mayoría de los casos, porque no hemos aprendido a cuidar el instrumento más importante que tenemos: nuestro cuerpo. La buena noticia es que eso tiene solución. La fisioterapia preventiva, practicada con regularidad y enfoque clínico, es una de las herramientas más eficaces para mantener la salud a largo plazo — especialmente la salud cardiovascular.

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